Entre el ocaso y el alba con el gemelo norteño de HARPS

Por Zaira M. Berdiñas, Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC)

Los observatorios son los laboratorios de los astrónomos, o mejor dicho, son nuestra ventana al Universo, que es El Laboratorio, con mayúsculas.

¿Conoces a alguien que, al mirar al cielo de noche, diga: “¡bah! no me gusta”? Yo no, pero también es cierto que a menudo la gran cantidad de luz de nuestras ciudades no nos da oportunidad de comprobar cual sería realmente la reacción; y quizá también por eso la inmensidad del Universo no es algo en lo que pensemos en nuestro día a día. Por eso, cuando conocemos a alguien con curiosidad por nuestra “estrellada profesión” nos suele preguntar –con una mezcla de curiosidad y extrañeza– “¿Cómo decidiste hacerte astrofísico?”. Cómo se desarrolla la vida en un observatorio puede causar la misma sensación de extrañeza y desconocimiento. De hecho, creo que ni mi madre sabe muy bien lo que hago allí arriba –¡no te enfades, mamá!– por eso en este artículo voy a describir un poco como es la rutina diaria en la montaña.

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Comenzando el viaje en el aeropuerto de Granada. Créditos: Zaira M. Berdiñas.

Como muchos otros viajes, este comienza en el aeropuerto. Pero espera, eso no es del todo justo, porque antes de emprender el camino al observatorio ya se ha hecho gran parte del trabajo. Un par de veces al año, los telescopios ofrecen sus noches de observación en lo que denominan “llamamiento de propuestas”. En esos periodos los astrónomos deben estrujar sus cerebros y competir para escribir el mejor proyecto científico. El tiempo en los telescopios es caro y solo aquellos que demuestren que harán el mejor uso de ellos, tendrán la oportunidad de usarlos. Los “comités de asignación de tiempo”, que están formados también por astrónomos, deciden qué propuestas se aceptan y cuáles no. Así que estoy aquí, en el aeropuerto, lo que quiere decir que nuestro proyecto pasó el corte (¡yupi!). Tras un vuelo de 3 horas aterrizo en la isla de La Palma; quizá pienses que ya casi he llegado, pero aún me separan del Observatorio del Roque de los Muchachos unos cuantos cientos de curvasCarlos el conductor, y tras este zigzagueante viaje también mi amigo, me deja en la Residencia. Ésta es el núcleo de la vida en el observatorio: aquí es donde puedes ver astrónomos desayunando muy tarde,  cenando muy pronto, durmiendo durante el día o incluso jugando al ping-pong en su tiempo libre. Pero ya son las 4 de la tarde según mi reloj y no tengo tiempo que perder antes de que se ponga el Sol. Cojo un coche y conduzco hasta el Telescopio Nazionale Galileo (TNG), donde Vania, mi astrónoma de apoyo, me está esperando en la sala de control del telescopio para explicarme cómo configurar el instrumento que voy a usar para tomar mis datos: HARPS-N.

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Izquierda: Telescopio Nazionale Galileo (TNG). Derecha: Sala de control localizada en la planta baja del edificio del telescopio. Las pantallas de la derecha las usa el operador del telescopio para controlar las condiciones atmosféricas y los parámetros del telescopio. Las pantallas de la izquierda son para manejar el instrumento, HARPS-N. Créditos: Zaira M. Berdiñas.

De la misma forma que Pale Red Dot usa HARPS, instalado en el Observatorio de La Silla (Chile), para tomar los datos de velocidad radial de Próxima Centauri, esta noche yo voy a usar HARPS-N, su gemelo en el hemisferio norte, para buscar planetas alrededor de otras estrellas rojas. Una vez que Vania termina sus explicaciones y después de inicializar y calibrar el instrumento, vuelvo rápidamente a la Residencia, ceno algo, guardo mi “super-snack” para la madrugada, leo algunos e-mails de mi equipo deseándome un cielo despejado, y conduzco hasta el telescopio con el Sol poniéndose a mi espalda. De camino, la cúpula abierta me dice que Daniele, el operador del telescopio, ya está listo para comenzar a observar. Apenas una hora después del crepúsculo, el cielo ya está lo suficientemente oscuro para comenzar con el procedimiento de enfoque del telescopio: la noche ha comenzado.

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Telescopio Nazionale Galileo con su cúpula abierta en mi camino desde la Residencia. Créditos: Zaira M. Berdiñas

Me paso el resto de la noche observando mi lista de estrellas. Lo que hago es enviar comandos de observación para apuntar el telescopio y comenzar la exposición, mientras, compruebo que los espectros que voy tomando son de buena calidad. Durante toda la noche Daniele, que está a mi lado, controla las condiciones climáticas y los parámetros del telescopio desde unas nueve pantallas. Son casi las 2 de la mañana y le toca el turno a la estrella más débil de mi lista. Como ésta necesita una exposición más larga, me da la oportunidad de salir fuera y disfrutar de uno de los cielos más increíbles que puedes contemplar y, por qué no, de tomar unas cuantas fotos.

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Fotografía de la Vía Láctea y el Telescopio Nazionale Galileo, hecha mientras se toma un espectro de larga exposición en el telescopio. Créditos: Zaira M. Berdiñas.

Tras casi 10 horas y más de un café, comienza a amanecer. Desconectamos todos los sistemas y conducimos hasta la Residencia, siempre con las luces apagadas para no molestar a colegas que puedan estar realizando aún alguna prueba de última hora. Y ya hemos acabado, los datos se analizarán durante los próximos meses, pero ahora son las 7 de la mañana, la noche ha terminado oficialmente, y lo único que me espera ahora mismo es mi cama. ¡Buenos días!

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Zaira M. Berdiñas

Sobre la autora.

Zaira M. Berdiñas es doctoranda de último año y trabaja en el grupo del espectrógrafo CARMENES en el Instituto de Astrofísica de Andalucía. Su investigación se centra principalmente en la búsqueda de exoplanetas compactos y de pulsaciones en enanas de tipo espectral M usando espectrógrafos de velocidades radiales alimentados por fibras ópticas. En concreto, lidera las campañas observaciones con HARPS-N del proyecto Cool Tiny Beats, del que nació Pale Red Dot. Zaira también está activamente involucrada en el desarrollo de instrumentación. En este sentido, es parte del equipo de desarrollo del “Radial Velocity Corrector (RVC)”, una alternativa a los métodos de “scrambling” para espectrógrafos de velocidades radiales alimentados por fibras de alta precisión que no están térmicamente estabilizados.